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En un momento donde le estaba pidiendo que dejase de hacer algo, me ha gritado:
“¡Tú no mandas!”
Y yo le he respondido, ya te digo que le he respondido.
¿Sabéis qué le he dicho?

No quiero mandar, quiero cuidar
No, cariño, yo no quiero mandar, yo quiero cuidar.

Porque ese es mi propósito, aunque el de enfrente reconozca mi acción como una limitación para sus intereses.

¿Qué sentido tiene responder “yo sí mando”?
¿Es que esto es una lucha de egos?
¿Es que alguna vez esa respuesta ha conseguido que el conflicto se reduzca?

Cuidar vs imponer
Y es que a veces nuestras peticiones, los límites que ponemos o las normas que impulsamos no gustan, y la forma que tienen los más pequeños o pequeñas de mostrar su disconformidad es respondiendo (poniendo límites como buenamente pueden o saben) de forma abrupta.
Pero nosotros, los adultos, no estamos para demostrar nuestro poderío, estamos para criar.
Con respeto, con afecto, con paciencia, pero con límites y con normas que muchas veces no se entienden.

El valor de las palabras
Cuidar no siempre se recibe con los brazos abiertos, porque hay formas de cuidar que se reconocen al momento y otras que no.
Pero utilizar bien las palabras nos permite a todos comprender (poco a poco) el porqué de nuestras acciones.
Y no solo comprender, sino interiorizar.

Tomar decisiones desde el cuidado
Yo, mamá, tomo decisiones para cuidarte, educarte, protegerte… y hay veces que esas decisiones suponen un conflicto de intereses que tendremos que gestionar.
Tú, hijo mío, te vas a enfadar (cosa que no puedo ni debo evitar), pero aunque no entiendas que las decisiones que tomo son por tu propio beneficio, lo seguiré haciendo hasta que seas plenamente autónomo e independiente.

Cómo responder ante “Tú no mandas”
“Tú no mandas” o cualquier otra variable que podríamos tomarnos como algo personal debemos responder:

  1. Llevando a la calma (no se razona hasta que no se conecta).
  2. Explicando brevemente el propósito real (cuidar).
  3. Dejando espacio a la conversación, o a la muestra de emociones.
  4. Dando amor, porque pase lo que pase, nunca dejaremos de querernos.

Un proceso de repetición
Y, sin duda, entender este proceso como un ejercicio de repetición:
Porque a la primera no se aprende casi nada.
Porque hay que ser indulgentes con su ritmo de aprendizaje.
Porque nadie acepta un “no” sin “pelearlo” un poquito.
Porque ser madre/padre a veces implica ser “el malo” a los ojos de otros, mientras llega el momento de que comprendan nuestras decisiones.

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Taller de Paciencia

"Mamá no quiero"

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