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Llega una edad en la que, desde el colegio, le mandarán pequeños trabajos de investigación

Lo primero a tener en cuenta:

Tú no tienes que hacerlo, ni perfeccionarlo. Estás ahí para acompañar y ofrecer una posible guía inicial que le sirva para futuros trabajos y ejercicios.

¿Debería llegar desde el colegio esa guía? Sin duda, pero llegue o no, es importante recordar que son pequeños y, para que interioricen ciertos hábitos, debemos repetir y reforzar. Esta es una forma de ir creando un hábito de trabajo organizado, productivo y que, además, realmente sirva para aprender.

Nos ponemos en situación:

“Tu hija llega a casa el martes diciendo que, para el próximo martes, debe llevar un folio o cartulina hablando de X tema.”

  1. Primero: Saber qué tema es y generar preguntas
    Coge un folio, escribe el tema en cuestión y, debajo, empieza a anotar todas las preguntas que se le ocurran al pequeño. Todas. Sin importar cuáles sean o cómo las formule.
    Formalizar un pequeño brainstorming, creando un ambiente de interacción y curiosidad en el que no hay preguntas tontas (aunque meta alguna jugando). Estas preguntas las vamos a dejar “macerando” un día en un lugar visible (pegado en la nevera, por ejemplo) para que pueda añadir o borrar preguntas.
  2. Segundo: Proponer opciones de información basadas en distintos formatos
    Utilizando las preguntas recopiladas, damos varias opciones para investigar. Puede elegir una, todas o ir variando.
    • Libros y documentos en papel: Visitar juntos la biblioteca, librerías, o libros de casa. Así, comprueba que una forma de investigar se basa en leer lo que otras personas han descubierto.
    • Personas: Hablar con conocidos o expertos en el tema que puedan darle información verbalmente (presencial o en audio).
    • Soporte digital: Buscar online usando un dispositivo fijo (por ejemplo, un ordenador de sobremesa). Esto ayuda a mantener la atención en la información sin moverse por otros espacios.
  3. Tercero: Pautar los tiempos de trabajo
    Si dejamos abierto el tiempo de trabajo, puede que se vuelva tedioso o interfiera en otras actividades. Usa marcadores temporales, como un reloj de arena o una alarma, para señalar cuándo empieza y cuándo termina el tiempo de trabajo.
    ¿Qué pasa si, al acabar el tiempo, el niño quiere seguir? ¡Perfecto! Déjalo continuar mientras esté interesado.Además, ten material plástico al alcance para que pueda recrearse y mostrar un trabajo que refleje su creatividad en ese momento, motivándolo de forma realista para el futuro.
  4. Cuarto: Invitar a la revisión cuando el trabajo esté terminado
    El día antes de la entrega, invítalo a leerlo con calma para ver si detecta erratas, posibles errores o quiere hacer algún cambio. Si le parece que está bien, ¡genial! Lo llevará contento y orgulloso al colegio.

Dudas habituales:

¿Hay temas difíciles?
Claro, pero el reto es abordarlo desde la curiosidad de un menor, no desde las dificultades que le vemos como adultos. Cuando le proponemos a un niño descubrir un tema apoyándonos en sus propias dudas (por simples que nos parezcan), realmente está aprendiendo.
Los trabajos suelen estar relacionados con lo que están aprendiendo en el colegio. Sin embargo, en casa nos hacen preguntas mucho más complejas que cualquier tema propuesto en la escuela.

¿Si veo una errata grande, no digo nada?
En principio, no es necesario intervenir en ningún cambio. Pero, si alguna falta ortográfica nos resulta muy evidente, podríamos comentarla. Aun así, hagámoslo sabiendo que es más por nuestra tranquilidad que por la suya.

Recuerda: Estos trabajos están pensados para que se sientan partícipes de su aprendizaje. Nuestra intervención debe ser mínima y, poco a poco, debe ir desapareciendo. Con paciencia, sentamos las bases para que puedan sentirse orgullosos de su avance gracias a su propio esfuerzo.

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