Las palabrotas son una demostración de que nuestros hijos o hijas empiezan a utilizar la comunicación verbal no solo para hablar y entenderse con los demás, sino para provocar en el entorno.

Lo que antes eran acciones (pegar, tirar cosas…) ahora se sofistica y da un giro menos incómodo a nivel físico, pero más intenso a nivel personal.

Las palabrotas se dicen por imitación: lo pueden escuchar en cualquier sitio y más en entornos donde no solo hay niños.

Las palabrotas se dicen para buscar reacciones: para ver la cara que pone uno o la reacción que tiene otro o para mostrar enfado o descontento: la gran mayoría de las veces, los más pequeños utilizan vocabulario malsonante en peleas o discusiones.

Que sí, que hay que corregirlo, pero antes extrapolemos: La última vez que quedaste con amigos a tomar algo sin niños, ¿qué tal el lenguaje que usabais? ¿Era todo correcto y ejemplar?

Que nuestros hijos o hijas digan palabrotas no es para hacerse el Harakiri, tengamos en cuenta que socializar y sentir que encajas pasa siempre por una fase de “saltarse las normas”.


Cuando la palabrota la dicen enfadados:

Primero calma, no te lo tomes como algo personal y piensa que si ha dicho algo así es porque algo pasa.

Cuando ya esté calmado, explícale por qué no se debe decir eso (incluso lo que significa si lo ves necesario) y cómo afecta a los demás que lo diga.

Acompáñale a solucionarlo o disculparse si hiciera falta. No como imposición o reproche, sino como consecuencia y que de la que lo hace se sienta acompañado por ti.


Cuando la palabrota la dicen contentos:

Deja claro que es una forma de hablar que no es correcta y muestra siempre la misma reacción al acto (evita reírte o pedir que lo repita).

Explícale que no hay que decir palabras feas para pasarlo bien y no te obsesiones por saber dónde las ha aprendido (no nos interesa el dónde, sino cómo atajarlo).

Pide al entorno que su reacción sea lo más similar a la tuya para que el conjunto dé el mismo mensaje y cale mejor.


Dale una alternativa: dejar decir alguna palabrota “simplona” o inventaros una palabra que pueda funcionar como tal y que podáis usar todos.

No le dejes en evidencia: si sucede, conversa con él o ella en privado, que nadie juzgue ni opine si no sois vosotros dos.

Ser conscientes de que nuestro ejemplo es básico y que si alguien dice una palabrota en nuestro entorno, podemos pedir en voz alta que se hable de otra forma.


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