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Esto que os voy a contar nos sirve a todas las personas que tenemos menores a nuestro cargo.¡

Pero además, de cara a las fiestas y la convivencia familiar más habitual y descontrolada, nos viene que ni pintado.

Porque todos nos vemos venir frases como:
“Se te sube a la chepa” o “Hace contigo lo que quiere”.

Así que, vamos allá.

¿Cómo se enseña a cuestionar?

Pues tenemos la suerte de que no se enseña, es innato.

Niños y niñas nos cuestionan a través de su conducta, su comportamiento, sus preguntas y sus negativas desde el inicio de su interacción con nosotros.

Que ellos cuestionen no tiene que ver con una mala intención, sino con ser “un ser humano que busca cubrir sus funciones vitales básicas mientras aprende a vivir en una sociedad que le quiere ofrecer mucho más”.

Y ese “mucho más” pone a los niños en alerta y a los adultos en tensión, claro.

Van a cuestionar

La autoridad

Repitiendo comportamientos que les has intentado corregir (tocar un enchufe, coger un juguete, decir una palabrota…).

Las normas

Actuando a escondidas, diciendo mentiras, buscando que otro adulto les conceda lo que el primero dijo que no.

Las creencias

Preguntando el por qué y el cómo de todo, dudando de lo que se les cuenta si no encaja con lo que buscan.

Y cuando pase todo esto…

  • Pon límites, pero no prohíbas las dudas y las preguntas.
  • Mantén una línea de corrección constante (el mismo límite, de la misma forma).
  • Da ejemplo asumiendo los mismos límites.
  • NO intentes explicar las cosas hasta que no lleguéis ambos a la calma (con afecto, primero conectar y luego hablar).
  • Da explicaciones que se adapten a su capacidad de comprensión y a su interés.

Cuestionar vs. obedecer

Cuando ponemos por delante el cuestionamiento a la obediencia, les dejamos claro que no toda autoridad es correcta y que no todo adulto tiene autoridad sobre ellos.

Si dudan de la autoridad de otro adulto, que te pregunten a ti, porque con tu forma de poner límites les estás educando para que en el futuro sean libres, no dependientes.

Porque, claro, muchas veces cuando nos cuestionan nos pilla cansados, poco receptivos o nos enfada… pero eso no quiere decir que cuestionarnos sea malo.

La obediencia ciega

Es, por el contrario, la supresión de la capacidad crítica o del pensamiento propio. Para evitarlo:

  • Evita el “porque yo lo digo” y el “porque sí”.
  • Ayuda a que entiendan (aunque les disguste) que hay una razón detrás de tus decisiones. Eso hará más fácil que no obedezcan a cualquiera ni por cualquier cosa.
  • Deja que tomen decisiones y que, de vez en cuando, asuman el mando en situaciones sencillas donde tengan que dirigir a los demás.

La paciencia en la crianza

Entiende que la paciencia es una herramienta protagonista en la crianza.

Dejarán de necesitar aprenderlo todo de nosotros, pero mientras seamos su todo, nos toca ser quienes más se esfuercen.

Pero eso no quiere decir que te pases el día acompañando cada duda ni respondiendo cada cuestionamiento. De vez en cuando, puedes distraerles, dirigir su atención a otra cosa o no dar respuesta. Es justo y lícito.

Ser paciente es interiorizar que nos necesitan, pero ser realista es interiorizar que no todo es teoría.

Para cerrar…

Llevar la contraria, aunque no lo parezca, es un regalo que nos hacen los niños.

Poner límites es el regalo que les tenemos que hacer de vuelta.

Para que podamos seguir educando con respeto pero con firmeza, con amor pero con pautas, con lógica pero con corazón.

Obedecer nos dará la falsa sensación de que nos hacen caso, mejor gastemos energía en acompañar.

 

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