Y recordar que la tecnología siempre va a estar presente, pero que es preferible que pinten, recorten, peguen pegatinas, cocinen contigo, toquen instrumentos, bailen, hagan deporte, jueguen al aire libre, vayan a un cuentacuentos…

la exposición a la tecnología

Tenemos que aprender a vivir y convivir con ella porque no es algo pasajero, si no que forma parte de nuestro día a día y, además, cada vez más. Si atendemos a lo que recomiendan los expertos, antes de los 2 años nuestros hijos no deberían tener contacto con ningún tipo de dispositivo digital.

¿Es eso posible?

Teniendo en cuenta que la exposición indirecta es incontrolable, y que somos seres sociales, que nuestros hijos estén expuestos es inevitable. Es por ello que, en los entornos donde nosotros tenemos voz (casa, lugar de vacaciones, centro educativo) debemos intentar que se minimice su uso.

Los expertos también recalcan que, a más tecnología, menos habilidades motoras y sociales. Por eso si dejamos que los niños pequeños utilicen la tecnología, debemos elegir con cuidado los juegos o programas que van a utilizar y atender a que muestren valores, que puedan aprender algo de ellos y que no les suponga una adicción.

Muchas de las veces que “tiramos” de tecnología es cuando no sabemos qué hacer con nuestros hijos, o estamos cansados para atenderlos, o simplemente queremos que haya calma y silencio. Es cierto que a veces nos faltan ideas para que jueguen, o se entretengan, o juguemos juntos. Por eso, para las veces que dejamos que estén expuestos, necesitamos pautas básicas para controlar la tecnología. Aquí os dejo algunas:

Seleccionar los dispositivos: elegir cuáles pueden usar y cuáles no, hacerles entender que pueden usar tu teléfono, pero no el de otras personas, puesto que tú tienes acotado el uso tanto de programas como de funcionamiento.

Marcar las situaciones de uso: elegir momentos concretos para su uso que no interfieran con otras posibles actividades ni suplan el juego libre, tales como un viaje largo, cuando se ponen enfermos y no tienen fuerzas para nada más o un plan “adulto” donde no podamos atenderles.

No basarnos en horarios si no en planes: hay que intentar evitar poner horarios porque el concepto temporal les resulta muy ajeno a los niños. No deberíamos pautar utilizando horas o minutos, deberíamos explicar cuándo va a terminar su uso. Ej.: “ponemos dibujos y cuando termine papá de tender la ropa nos vamos a jugar”

No utilizar la tecnología para premiar o castigar: el refuerzo y el castigo no deben de ser nunca físicos ni materiales. No es buena idea usar de moneda de cambio la tecnología, porque les hará dependientes de su uso y, en muchos casos, se convertirá en un problema.

Dar ejemplo: si nos ven todo el rato con el móvil o el ordenador, cuando les marquemos las pautas deben de ir acorde a lo que nos ven hacer a nosotros. El ejemplo es un motor muy potente con los niños, mucho más que las palabras.

Y recordar que la tecnología siempre va a estar presente, pero que es preferible que pinten, recorten, peguen pegatinas, cocinen contigo, toquen instrumentos, bailen, hagan deporte, jueguen al aire libre, vayan a un cuentacuentos… porque todas esas cosas sí que favorecen, de forma directa e indirecta, su desarrollo emocional y motor y nos permiten además interactuar con ellos y compartir experiencias, que es lo que recordarán en el futuro.

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