El aburrimiento tiene muchos beneficios y además se ven rápidamente desde el momento que empezamos a dejar que se aburran:

El aburrimiento es muy bueno

Hay motivos muy variados para temerlo, pero los más habituales son:

Confundir preocupación con sobre protección: Prestar atención a sus necesidades y peticiones inmediatas, pudiendo cubrirlas en el momento, es algo que parece que es de extrema necesidad, que los pequeños no sientan que no estamos pendientes y que no les ofrecemos todo lo que está en nuestra mano.

Evitar opiniones y miradas ajenas: es decir, evitar ser juzgado. Que no nos comparen con otros padres que dan más cosas, o llevan más cosas encima para entretenerlos, o tienen mil planes organizados.

Estar “a la altura” como padre: porque cuando se aburren un buen rato a muchos padres les aborda un sentimiento de culpa que deriva en dudar de uno mismo y de sus decisiones.

Menos mal que estas tres cosas son controlables y podemos reconocer con facilidad que no son representativas y que, como padres, somos mucho más que eso.

El aburrimiento tiene muchos beneficios y además se ven rápidamente desde el momento que empezamos a dejar que se aburran:

Desarrolla la imaginación: potencia la creatividad, la capacidad de invención y habilidades como la artística y la espacial. Dejarles espacio para que sean ellos mismos quienes organicen el juego, elijan los materiales y creen roles de juego sin información externa.

Enseña a crear tiempo para uno mismo: porque aburrirse implica prestarse atención a sí mismo, comprobar lo que nos pasa y el por qué de lo que nos pasa. Nos ayuda a organizar nuestro tiempo y a desarrollar nuestra inteligencia intra-personal.

Ayuda a gestionar las emociones: cuando somos pequeños el aburrimiento puede derivar en llanto o enfado, se ponen “pesados”, y es un momento perfecto para ayudarles a comprender lo que les pasa y darles herramientas para poder lidiar con ello.

Potencia la autonomía y el liderazgo: un niño que se aburre es un niño que se acaba esforzando por hacer cosas sólo, sin ayuda, lo que consigue que sean niños con interés en seguir comprobando hasta dónde pueden llegar y qué pueden hacer sin ayuda ni patrones.

Os dejo, por último, unas breves pautas para saber cómo favorecer el aburrimiento

Usando poca tecnología: porque si la información no deja de fluir, el niño no tiene la necesidad de crear. La tecnología para momentos puntuales

Dejando que tomen la iniciativa en los juegos: que ellos manden y ellos propongan, que nos pongamos a jugar “bajo sus órdenes” y que sigamos sus directrices de juego, interpretando personajes, roles o acciones.

Reconociendo cuándo dejar que se aburran: porque no siempre es el mejor momento, debemos tener en cuenta que su estado anímico o físico, el plan que vayamos a realizar o el momento del día en el que nos encontremos, es muy importante. Si el plan es comida y sabemos que se va a alargar y/o es en un restaurante o si acaba de recuperarse de una enfermedad… saber diferenciar el momento para que el aburrimiento no se convierta en una obligación ni se rechace.

Y, ante todo, recordar que todo lo que construyamos cuando son niños serán sus cimientos de adultos

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