No va de discutir ni de enfrentarse, va de conseguir que el resto del mundo no nos condicione y de que nosotros, de algún modo, consigamos que los demás respeten nuestras decisiones de crianza y educativas.

sentirse cuestionado como padre

A veces nos sentimos cuestionados por el entorno, ya sea porque no están de acuerdo con nuestras decisiones o porque no las comprenden o por qué se yo, pero muchas veces nos hacen sentirnos incómodos e incluso dudar de nuestras decisiones.

Tras hablar con muchos padres y madres he llegado a la conclusión de que nos sentimos cuestionados:

Por abrazar y coger en brazos a nuestros hijos: Todos hemos recibido un comentario peyorativo sobre si lo hacemos mucho, lo hacemos poco, le malacostumbramos, le enviciamos, está enmadrado

Por decidir lo que comen: Un tema delicado también. Ahora tenemos muchísima información sobre lo que comemos y lo que nos ofrecen para comer, y con esa información todos libremente decidimos lo que comen nuestros hijos. Pues no faltará gente que decida que come poco, mucho, demasiado sano, demasiado mal, poco de esto, mucho de aquello.

Por viajar con ellos: ¡Hasta decidir un destino algunas veces parece que preocupa a la sociedad!, generalmente más porque los niños “van a molestar” que porque ellos estén cómodos. Siempre me ha parecido muy curioso esto, ya que luego nos bombardean con que viajar es educativo; pero parece que viajar con niños es molesto

Por la lactancia: Aquí me refiero especialmente a las madres, que somos las que lo vivimos en primera persona. No debería ser un problema decidir libremente dar o no dar el pecho, o hacerlo cuatro, seis, doce o treinta y seis meses. Incluso he llegado a oír opiniones sobre si debes o no usar sacaleches, sin haber preguntado a la madre su opinión o decisión.

Por la baja: Qué difícil es sentirte cuestionado con un tema tan delicado; los que vuelven temprano a su puesto de trabajo, las que cogen excedencia, las que alargan los cuatro meses legales para dar el pecho, aquellas y aquellos que eligen dedicarse a sus hijos y dejar de trabajar fuera de casa. Siempre aparece alguien con una opinión o comentario que nos hace sentir incómodos con nuestras decisiones.

Por los tiempos sin hijos: Hacer escapadas, salir al cine, quedar en un plan sólo con adultos, organizar cualquier plan que no implique a nuestros hijos y dejarlos con otro familiar o cuidador. Es verbalizarlo y saber que a alguien le va a parecer mal.

Cuando nos pasan estas cosas, debemos afrontar la situación para conseguir que nos afecte lo menos posible: No va de discutir ni de enfrentarse, va de conseguir que el resto del mundo no nos condicione y de que nosotros, de algún modo, consigamos que los demás respeten nuestras decisiones de crianza y educativas.

Para mí el baremo definitivo, siempre que tomo una decisión para con mis hijos, es preguntarme a mí misma si esa decisión está basada en el amor. No falla.

Al final, todo se podría resumir en la siguiente frase: “Si después de meditarlo has llegado a la conclusión de que la decisión es lo mejor para vosotros y lo que queréis, y que está guiada por el amor, el mundo no tiene nada que decir”.

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